Teniendo un oido en mi bolsillo, teniendo un ojo en mi boca y cartas de amor en el
estómago entré al
oceano y en un callejón me encontré a
Layla. Hace tiempo que no la veía, aunque ya no tiene ese aspecto gitano. Se veía bien pero desparramó sobre mi un fluido eléctrico que sonaba a
Invierno.
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