viernes, julio 04, 2008

le diable

Hoy me desperté con un dolor de estómago terrible.
Teniendo en cuenta que ya estaba enfermo de faringítis, me encontré pensando en la muerte.
Me preguntaba en que momento moriría.
A decir verdad, contando las veces que me enfermo yo a las veces que se enferma, por ejemplo, Sea, no me consideraría una persona sana. Otra posibilidad sería que soy un poco hipocondriaco y que realmente estoy exagerando las cosas, lo cual no me convence del todo porque tampoco diría que estoy enfermo todo el tiempo.
De hecho el otro día, ayer platicaba con Sea por el mensajero y él me decía que la razón de estar así era por comer mal. Y a mi parecer yo como mejor que él pero sería darle más vueltas sin llegar a ninguna parte seguir hablando de esto.

Como decía al inicio, pensaba en la muerte.
¿Quién morirá antes, mi padre o yo?
Eso es algo que me he preguntado incontables veces.

-Últimamente, estos meses, he tenido la fantasía de ser el diablo. Para mi el diablo no es este personaje de color rojo, con cuernos, una cola puntiaguda y un trinche que vive en el infierno ni nada parecido. Yo soy el diablo y no mato, ni robo ni le hago maldades a los humanos, pero no hay miedo mas terrible que mi propia esencia. Incluso morir no se acerca ni un poco al terror que produce el diablo, que penetro por los ojos y engullo todo vestigio dentro de uno para hinundar un cuerpo de miedo. Ese soy yo. El diablo.-

Yo he visto al diablo solo 3 veces. La primera en el sueño, la segunda en la vigilia y la última al salir del psicoanalista.

1.
En el sueño yo estaba sentado en una sala de cine en donde estaba casi toda la gente que conozco, o por lo menos la mayoría. Era una sala muy grande y en la pantalla no se veía nada aunque la luz estuviera apagada. Simplemente se reproducía luz, ruido blanco.
Todos esperaban a que empezara la película.
El diablo entro por la puerta trasera del lado izquierdo. La sala se sumió en el silencio. La habitación y la gente se estremecieron al punto de temer estar vivo. El diablo no significaba nada, que nos fueramos a morir o algo así. El diablo era el terror en sí. Como veneno en el alma.
Él caminó y se paró en medio de la sala, frente a todos y comenzó a elegir personas al azar. No decía una palabra ni hacía movimientos. La gente que escogía simplemente se levantaba de su lugar como hipnotizada y al mismo tiempo impregnada de terror y caminaban hacia él. De pronto me dí cuenta que no lo hacía exactamente al azar sino que estas personas tenian algo en comun pero que no se podía ver a simple vista.
Decidí levantarme y caminé hacia él. Y aun sabiendo que no me iba a pasar nada el terror indescriptible que sentía no me dejaba pensar con claridad, lo único que aparecía en mi cabeza era miedo, era él.
Sonará extraña la comparación pero era una sensación parecida a estar enamorado. Ese extraño sopor en el que unose sume pensando en el amado pero en vez de eso era terror que te hundía cual somnífero en un sueño ante la mirada de un único ser, el diablo.

2.
La segunda vez que lo vi fué una mañana, en mi cuarto, en el momento justo en que uno esta saliendo del sueño y atraviesas el velo para despertar a la realidad, justo encima de mi. Al abrir los ojos el miedo que sentí fué un poco diferente al del sueño. Mas bien era desesperación. El diablo me aplastaba y no me dejaba despertar. Como cuando alguien te sumerge bajo el agua y no te deja salir a respirar. Uno siente que se va a ahogar y luchas desesperadamente por salir hasta que te sueltan y porfin respiras. Pero el diablo no es así. Él no te deja respirar.
Ese momento en la vida de los humanos en que despertamos, el intermedio, el velo es como una puerta. Y el diablo esta escondido en la cerradura esperando atrapar a cualquiera.

3.
La última vez que lo ví fué hace poco, en la calle.
Desde hace poco más de dos años he ido semana tras semana al psicoanalista. Y si hiciera una evaluación de cuantas sesiones a las que asisto son realmente fructíferas serían unas 3 ó 4 de 10.
Justamente ese día fue una de aquellas sesiones.
No me acuerdo exactamente de que hablé ese día o q temas traté pero sí recuerdo que salí tan conmocionado del lugar que tuve que sentarme un rato en una banca bajo unos arcos de por ahí antes de seguir caminando. Comenzó a llover un poco y decidí esperar a que se calmara. Eran alrededor de las 7:30 u ocho porque ya oscurecía levemente cuando me levanté y caminé otra vez. No era completamente de noche pero ni la luz natural ni la artificial eran suficientes para ver bien. Era la hora cero.
Saliendo de las calles concurridas llegué a esta calle mas estrecha y empedrada en la que a mitad de la cuadra nace otra calle prependicular hacia la derecha. Pues iba yo cantando en voz baja justo una canción que habla sobre el diablo pero que no es triste, sino al contrario es graciosa y aveces la canto para ponerme de buen humor. Cuando llego a la escuadra donde nace la otra calle, el silencio que se produce hace que deje de cantar. En ese momento no existe ningún sonido en el mundo. Deja de llover y el universo entero se detiene. Hay un hombre parado en la esquina de enfrente. Es un hombre mayor, de unos 80 años o mas, lleva sombrero, botas vaqueras y su apariencia es como si viniera de algún pueblo fantasma de una película del viejo oeste. Está mirando hacia arriba, algo en el cielo. Yo sigo caminando, mi mente me abandona como si siguiera un impulso invisible que me controla desde fuera y veo al hombre. No lo puedo dejar de ver aunque lo intente. Estoy aterrorizado. Se que es el diablo y algo se agita dentro de mi. Mi cuerpo no responde a lo que pienso y sigo caminando sin poder dejar de verlo. El hombre no me miró, ni siquiera se movió. Como si yo no hubiera pasado por ahí. Seguí caminando y lo perdí de vista.
Ya no llovía pero el universo regresó a la normalidad. Todo seguí como antes, el aire, la calle, el ruido. Todo menos yo. Una parte de mi había muerto. Si no es que yo, completamente, había muerto. En ese momento supe que nunca más me volvería a encontrar frente a frente con el diablo. Excepto al mirarme al espejo.

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